La mirada quebrada
hurga/
Busca entre las grietas
de sus pupilas atragantadas
lo que se ve lluvioso
a partir del horario de
protección al menor/
Lo que nunca tocó.
Entre medias que asfixian y
pañuelos amarillentos/
Cierra los ojos y los aprieta
con fuerza como a una bombacha
que no se puede mojar/
Unos ojos que nunca se
abren del todo,
bajan,
observan con miedo,
con vergüenza.
Una cabeza acostumbrada
al golpe.
Un cuerpo que nunca saltó/
Que nunca giró la cabeza
en dirección prohibida/
Busca,
da un paso, entra en crisis.
Toca la tecla del piano
que sabe que desafina
mientras se mira al espejo,
se acomoda la camisa para
que no se marque el escote
y sale a respetar el orden
con medio kilo de pan

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