
Una bola de espejos gira
dentro de mi pecho.
Y yo me reproduzco en todos las paredes
de ésta habitación sonrojada.
Me hamaco sobre vos como
campesino que bombea
para extraer agua.
En media hora, somos puro líquido.
Desparramados en ésta sierra
de tela y pasto que fragmenta
nuestro ardor en doble turno.
Entre resortes que rechinan
al unísono/
Entre sábanas con sabor a
genitales y desesperación.
Entre nueces de Adán mordisqueadas
y clítoris deshilachados.
Nos diluimos
entre el repulgue de dos cuerpos
y la exagerada dilatación.
Mientras juego al dominó con
tus pezones y me olvido
del auto mal estacionado,
de la cajera que me sonrió en el peaje,
de las cuentas por cobrar.
Mientras me zambullo en tu pecera indestructible.
La almohada que usamos para reposar,
acá, nos sirve de plataforma.
No me importa que no creas en Dios.
Mientras sepas besar
el espejo del techo no logrará confundirnos.
Imagen: "Desborde de los océanos" con Marcelo Zlotogwiazda
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